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13 de des. 2017

Tu nevera acabará en un vertedero

La basura electrónica está fuera de control: el 80% de estos residuos contaminantes, 600.000 toneladas, se desconoce donde acaban




España es el paraíso de la basura electrónica. El volumen de residuos no reciclados al año permitiría construir un muro de cuatro metros de altura de Madrid a Barcelona (504,91 kilómetros). 600.000 toneladas de neveras, frigoríficos o televisores son desguazados en plantas no autorizadas o canibalizados por mafias a golpe de martillo. No importa que contengan productos peligrosos y altamente contaminantes. Se abandonan en cualquier vertedero o arcén.

El informe CWIT del 30 de agosto de este año, que elabora la Interpol y la Universidad de las Naciones Unidas, entre otras instituciones, sitúa a España en la cola europea del reciclado, solo por delante de Rumania y Chipre. El 80% de estos residuos se desconoce dónde acaban. No solo supone un grave problema medioambiental y sanitario, también económico. En Europa, la pérdida directa, según el documento, se estima entre los 800 y 1.700 millones de euros.

España se sitúa a la cola europea del reciclado, solo por delante de Rumanía y Chipre

En España, los fabricantes tienen la obligación desde 2005 de encargarse del reciclado de los residuos eléctricos y electrónicos (RAEES), una categoría que incluye desde escáneres de hospitales, hasta móviles, pasando por máquinas recreativas o fluorescentes. En definitiva, casi cualquier producto que contenga cables o baterías. Se crearon entonces los Sistemas Integrales de Gestión (SIG), organizaciones sin ánimo de lucro, a través de las cuales se organiza todo el proceso. Los consumidores financian el reciclado pagando un canon al comprar los productos, que va de los cinco a los 30 euros dependiendo del aparato.

 Tu nevera acabará en un vertederopulsa en la foto
No existen datos centralizados, pero el sector estima que un tercio de estos residuos acaban en plantas no autorizadas, que no cuentan ni con la tecnología ni con el personal para garantizar un correcto reciclado y reutilización. Otro tercio es canibalizado por las mafias sin ningún control. Estas cifras suponen, solo ligeramente, una mejora con respecto a las conclusiones del informe. “El decreto que regula el reciclaje es muy bueno. El problema es que nadie persigue su incumplimiento. Hay una gran permisividad institucional”, denuncia Luis Palomino, secretario general de ASEGRE, asociación de empresas gestoras de residuos peligrosos.

 El proceso de reciclaje requiere el desmontaje manual de las carcasas.ampliar foto
El proceso de reciclaje requiere el desmontaje manual de las carcasas. BERNARDO PÉREZ
ECOLEC, una de las mayores SIG, que representa al 50% de los fabricantes de grandes y pequeños electrodomésticos, trató el año pasado 67.000 toneladas. El volumen generado anualmente en España supera las 750.000 toneladas. “La diferencia con otros países es que no hay una única autoridad que cuide del cumplimiento de la norma. Las competencias están transferidas a las comunidades autónomas”, afirma Matías Rodrigues, director general de ERP España, otro SIG. La inacción administrativa es solo una de las disfunciones de un sistema que en la práctica hace aguas por todas partes. El Ministerio de Medio Ambiente fue consultado sobre este asunto y no respondió a los requerimientos de EL PAIS.

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Los transportistas no suelen cobrar del distribuidor por retirar el aparato sustituido y se quedan en compensación con el residuo. Acaban así normalmente en desguaces ilegales donde se paga más que en una planta autorizada. “Lo venden a cualquiera”, comenta Fermín Rodríguez, gerente de Recyberica Ambiental, empresa especializada en su reciclado. Las plantas autorizadas, que tienen que seguir un complejo y caro proceso de tratamiento, no pueden competir con los chatarreros que extraen sin más los componentes valiosos. Estos procesos no solo evitan la contaminación medioambiental de los componentes peligrosos con los que están fabricados, sino que tratan de conseguir valorizar los distintos materiales. Estas plantas tienen la obligación legal de reutilizar el 80% de los componentes: plásticos, maderas, etc. “Normalmente no es rentable. Cuesta más separar los materiales que el valor de los mismos”, asegura Rodríguez. “Pero es uno de los objetivos fundamentales, que vuelvan al ciclo económico”.

 Los residuos llegan a la planta mezclados. El primer paso es la clasificación y descontaminaciónampliar foto
Los residuos llegan a la planta mezclados. El primer paso es la clasificación y descontaminación BERNARDO PÉREZ
Cuatro operarios con gafas de seguridad y unos gruesos guantes de plástico se afanan con cuidado en separar las distintas piezas que componen un palé con decenas de televisores usados. La planta de Recyberica Ambiental en Torrejón de Ardoz, Madrid, tiene una capacidad de reciclado de 30.000 toneladas al año. Apenas procesa 10.000 y ha tenido que reducir su plantilla este año en 12 trabajadores. “Este descontrol tiene un coste ambiental pero también empresarial. El negocio genera poco margen de beneficio por tonelada por lo que necesitamos mucho volumen para mantenernos”, asegura Rodríguez.

El proceso de reciclaje tiene como objetivo también reutilizar materiales como el plástico y el vidrio

Puntos limpios

La existencia de mafias que roban sistemáticamente, según los cálculos del sector, hasta un 35% de los residuos es otro de los grandes problemas del sistema. La impunidad con la que actúan es casi total. Un informe de las entidades gestoras de residuos, remitido al Ayuntamiento de Madrid y al que ha tenido acceso EL PAIS, refleja las continuas coacciones a las que en muchos casos se ven sometidos los trabajadores de los puntos limpios por parte de las mafias. No es excepcional ver a los miembros de estas bandas en la misma puerta de las instalaciones esperando a que los responsables cierren para, a plena luz del día, forzar el candado y llevarse tranquilamente lo que quieren.

Los mafias roban con total impunidad en los puntos limpios

El vertedero ilegal de Valdemingómez, en el sureste de la Comunidad de Madrid, es uno de los destinos de lo que queda de los aparatos después de ser canibalizados a golpe de martillo. Entre innumerable cantidad de basura se observa un paraje desolador de televisores, frigoríficos y otros electrodomésticos abandonados. Se estima que en 2017 se superaran los 65 millones de toneladas de este tipo de residuos en todo el mundo. Es tanta la basura electrónica que se podría formar una fila de camiones de 30 toneladas que diese la vuelta al planeta. El consumo de estos aparatos sigue creciendo en el primer mundo más rápido que cualquier otro.

SE ACABÓ EL PEREGRINAR
C.S.
El nuevo decreto, en vigor desde febrero, pretende solucionar el problema de trazabilidad: el consumidor tiene ahora que firmar un documento que acredite a quién se le entrega el residuo, permitiendo así su seguimiento y control. Los procesos de reciclado también se homogenizan, concretando qué tratamiento debe seguirse con cada categoría de residuo. “Esto va a permitir que no haya competencia desleal entre plantas de distintas comunidades autónomas porque todas van a tener que cumplir los mismos procesos”, asegura Palomino.

Un estudio de la OCU elaborado en 2013 monitorizó, a través de GPS, 16 electrodomésticos y comprobó que sólo cuatro de ellos terminaron en una planta de reciclado autorizada. Uno de los residuos fue “paseado” durante días por Madrid y Zaragoza. “No tiene valor científico. Es simplemente una foto de la situación, pero se aproxima mucho a la realidad”, asegura Enrique García, portavoz en temas medio ambientales de la organización. Se acabó el peregrinar de una comunidad a otra.

ACTUALIZACIÓN
El Ministerio de Medio Ambiente respondió al requerimiento de EL PAIS a última hora del jueves.

Un portavoz del departamento ha afirmado que desde el Ministerio se "ha detectado las deficiencias del modelo de gestión que se ha venido aplicando durante estos años". Por ese motivo, aseguran, se ha elaborado un nuevo decreto que incorpora "medidas que permitan la mejora de los datos de recogida y gestión de los RAESS".
http://www.wipo.int/edocs/pubdocs/en/wipo_pub_948_4-tech3.pdf

Green computing

https://en.wikipedia.org/wiki/Green_computing
https://www.theworldweekly.com/reader/view/magazine/2014-07-02/lifting-the-lid/1707



E-WASTE: TRASH OR TREASURE?Agbogbloshie, Ghana, is where most European computers, mobile telephones, televisions and discarded electronic gadgets go to die. With tens of thousands of devices shipped there every year, European e-waste has made Agbogbloshie the largest e-dump site in Africa as well as one of the top 10 most polluted places on Earth. And it’s not alone.
                             

10 de des. 2017

BITCOIN MINING GUZZLES ENERGY—AND ITS CARBON FOOTPRINT JUST KEEPS GROWING

https://www.wired.com/story/bitcoin-mining-guzzles-energyand-its-carbon-footprint-just-keeps-growing/?mbid=social_twitter


This story originally appeared on Grist and is part of the Climate Desk collaboration.

If you’re like me, you’ve probably been ignoring the bitcoin phenomenon for years — because it seemed too complex, far-fetched, or maybe even too libertarian. But if you have any interest in a future where the world moves beyond fossil fuels, you and I should both start paying attention now.

Last week, the value of a single bitcoin broke the $10,000 barrier for the first time. Over the weekend, the price nearly hit $12,000. At the beginning of this year, it was less than $1,000.

If you had bought $100 in bitcoin back in 2011, your investment would be worth nearly $4 million today. All over the internet there are stories of people who treated their friends to lunch a few years ago and, as a novelty, paid with bitcoin. Those same people are now realizing that if they’d just paid in cash and held onto their digital currency, they’d now have enough money to buy a house.

That sort of precipitous rise is stunning, of course, but bitcoin wasn’t intended to be an investment instrument. Its creators envisioned it as a replacement for money itself—a decentralized, secure, anonymous method for transferring value between people.

But what they might not have accounted for is how much of an energy suck the computer network behind bitcoin could one day become. Simply put, bitcoin is slowing the effort to achieve a rapid transition away from fossil fuels. What’s more, this is just the beginning. Given its rapidly growing climate footprint, bitcoin is a malignant development, and it’s getting worse.


Cryptocurrencies like bitcoin provide a unique service: Financial transactions that don’t require governments to issue currency or banks to process payments. Writing in the Atlantic, Derek Thompson calls bitcoin an “ingenious and potentially transformative technology” that the entire economy could be built on — the currency equivalent of the internet. Some are even speculating that bitcoin could someday make the US dollar obsolete.

But the rise of bitcoin is also happening at a specific moment in history: Humanity is decades behind schedule on counteracting climate change, and every action in this era should be evaluated on its net impact on the climate. Increasingly, bitcoin is failing the test.

Digital financial transactions come with a real-world price: The tremendous growth of cryptocurrencies has created an exponential demand for computing power. As bitcoin grows, the math problems computers must solve to make more bitcoin (a process called “mining”) get more and more difficult—a wrinkle designed to control the currency’s supply.

Today, each bitcoin transaction requires the same amount of energy used to power nine homes in the US for one day. And miners are constantly installing more and faster computers. Already, the aggregate computing power of the bitcoin network is nearly 100,000 times larger than the world’s 500 fastest supercomputers combined.

The total energy use of this web of hardware is huge—an estimated 31 terawatt-hours per year. More than 150 individual countries in the world consume less energy annually. And that power-hungry network is currently increasing its energy use every day by about 450 gigawatt-hours, roughly the same amount of electricity the entire country of Haiti uses in a year.



That sort of electricity use is pulling energy from grids all over the world, where it could be charging electric vehicles and powering homes, to bitcoin-mining farms. In Venezuela, where rampant hyperinflation and subsidized electricity has led to a boom in bitcoin mining, rogue operations are now occasionally causing blackouts across the country. The world’s largest bitcoin mines are in China, where they siphon energy from huge hydroelectric dams, some of the cheapest sources of carbon-free energy in the world. One enterprising Tesla owner even attempted to rig up a mining operation in his car, to make use of free electricity at a public charging station.

In just a few months from now, at bitcoin’s current growth rate, the electricity demanded by the cryptocurrency network will start to outstrip what’s available, requiring new energy-generating plants. And with the climate conscious racing to replace fossil fuel-base plants with renewable energy sources, new stress on the grid means more facilities using dirty technologies. By July 2019, the bitcoin network will require more electricity than the entire United States currently uses. By February 2020, it will use as much electricity as the entire world does today.

This is an unsustainable trajectory. It simply can’t continue.

There are already several efforts underway to reform how the bitcoin network processes transactions, with the hope that it’ll one day require less electricity to make new coins. But as with other technological advances like irrigation in agriculture and outdoor LED lighting, more efficient systems for mining bitcoin could have the effect of attracting thousands of new miners.

It’s certain that the increasing energy burden of bitcoin transactions will divert progress from electrifying the world and reducing global carbon emissions. In fact, I’d guess it probably already has. The only question at this point is: by how much?